Todas las réplicas de
Metalurgia del NOA

A lo largo de la Cordillera andina, desde el lago Titicaca hasta el norte de la Patagonia, se desarrolló una rica tradición del trabajo de los metales.

En la región que luego fuera el noroeste argen­tino, los pri­me­ros uten­si­lios de metal apa­re­cen al comienzo de la era cris­tiana y estaban con­fec­cio­na­dos en cobre, oro y galena. Por entonces se ela­bo­ra­ban en frío, por la téc­nica del mar­ti­llado, y solían ser objetos pequeños, como anillos, espejos, brazaletes y placas de simbolismo religioso llamadas caijlles o caylles.

Al pro­me­diar el siglo V se incor­po­raron los pro­ce­sos meta­lúr­gi­cos por fun­di­ción, que per­mi­tieron obte­ner el bronce (alea­ción de cobre y estaño), amplia­mente uti­li­zado desde el siglo X; los métodos de fundición de objetos eran mediante moldeado y a la cera perdida.
Promediando el siglo X, la metalurgia del bronce estaba altamente desarrollada y se fundían campanas, hachas, discos decorados, vinchas, tumis (cuchillos), pinzas de depilar, adornos corporales, etc.

A par­tir del siglo XV, con la inva­sión y domi­nio inka del noroeste argen­tino (1470–1535) el bronce se emplea fun­da­men­tal­mente para fabri­car armas de gue­rra: hachas con mango, maca­nas, cuchi­llos, mazas estrelladas, etc.

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